viernes, 28 de febrero de 2014

II #GermanFact: Quién fue el listillo del "Bio"?

Al entrar en cualquier supermercado español, podemos encontrar en cualquiera de sus secciones productos de toda índole clasificados por su calidad. Así, tenemos la arraigada creencia de que un producto de marca blanca...pues bueno, está bien, se deja comer...y si lo venden es porque ha pasado los controles sanitarios pertinententes. Pero claro, ¡ni punto de comparación con la calidad de la marca original!

Pongamos un ejemplo: el jamón. Pues oye, para darnos el gustillo nos compramos una paletilla decente a precio asequible del Carrefour, pero...¿quién no desearía cogerse la pata de Navidul? Es más, ¡voy a ir más allá! ¿Quién no desearía con locura por encima de la pata de Navidul, coger la pata Negra de Navidul?

Si os fijáis, la mayoría de productos tienen el producto normal y luego la categoría Deluxe, que se supone que es la repera y no hay nada por encima de ello, puesto que a dichos productos se les da un tratamiento especial, se les mima en el proceso de elaboración, etc.

Bueno, pues un buen día, a un buen hombre alemán (al que se le debería otorgar el premio Nobel de economía, no el de medicina, ni salud, ni anda por el estilo...no, no, el de economía) se le pasó por la cabeza la idea de "¿Y porqué no algo aún más mejor y superior?". Y así, se creó en Alemania el concepto del producto Bio, el súmum de los productos, de categoría más allá de la pata negra, el aceite de oliva extra puro, el zumo de naranja de zumosol y/o la horchata del Mercadona: Una gama de productos cuyos efectos van más allá de lo puramente racional y llegan a lo más profundo de la psique del alemán. Una etiqueta que eleva el precio del producto en muchos casos hasta casi el doble.

Y es que, se supone que los productos Bio son tratados con sumo cuidado, crecidos y/o recolectados de manera respetuosa con el medio ambiente y de manera escrupulosamente ecológica, sin ningún tipo de pesticida ni acelerador del proceso de maduración. De ésta manera, en cualquier supermercado alemán tienes un producto de alimentación y luego su equivalente en la gama Bio, que en muchas ocasiones no consigo notar ninguna diferencia entre uno y otro más allá de que uno sea un poco más grande que el otro y tenga algo mejor de color (aunque tampoco me fijo en exceso, la verdad...y de sabor tampoco noto yo gran cosa).

Está tan extendida la idea de que lo Bio es mucho mejor por el mero hecho de llevar en su etiqueta "Bio", que he llegado a oir decir a un padre a su hijo mientras éste se comía un trozo de pepino normal (no Bio) con la cáscara cosas como: "Ni se te ocurra comerlo, que no es Bio...si fuera Bio, vale". Señor padre, no me quiero meter en la educación de su hijo...pero el pepino se recolecta igual de la tierra sea Bio o no...y si no se lava antes es igual de asqueroso uno que otro, ¡Por Dios!.

Lo que más gracioso me resulta de todo es que muchos de estos productos alimenticios Bio, vienen de España. Si, si, de nuestra tierra. Y sinceramente, no veo yo al agricultor español separando su cosecha entre pepinos que van a Alemania y pepinos que no, pero esto ya son pensamientos más que conocimientos certeros. Eso si, os aseguro que, Bio o no, los pepinos que comen aquí son españoles y tienen el doble del tamaño que los que encontramos en España.

Así que ya sabéis, españolitos, si venís a tierras alemanas, los productos comprarlos Bio aunque los veáis iguales que los demás ¿Que Porqué? ¿Cómo que porqué? Menuda pregunta...¡Simple y llanamente porque son Bio!

Publicado inicialmente en Facebook

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