sábado, 10 de noviembre de 2012

¿Democracia directa o democracia participativa?

El otro día en clase de Gobierno y Administración Local tuvimos un interesantísimo debate al respecto de los modelos de elección democrática de nuestros representantes.
Partíamos de un texto de un pequeño think tank británico (Localis) en el que se trataba la elección de los Alcaldes británicos. En el modelo de Reino Unido, los Alcaldes no son elegidos directamente por los ciudadanos, sino que éstos votan y eligen al Concejal de su Distrito. Dichos Concejales de Distrito son los que elegirán finalmente al Alcalde. Es decir, cada ciudad/municipio está dividido en distritos, cada uno de ellos tiene un representante de los intereseses de su distrito, por lo que la representación tiene un perfil de arraigo al territorio donde se vive, a pesar de que los distintos candidatos a Concejal de Distrito tengan ideologías muy distintas.
De los alrededor de 400 municipios que existen en Gran Bretaña, actualmente 16 han decidido vía referéndum que su Alcalde sea directamente elegido por los ciudadanos (sin que sea a través de los Concejales de Distrito). Lo que se nos planteaba era si era mejor un modelo u otro de elección y cuál preferíamos.
En un principio todos coincidíamos en la necesidad de mejorar la participación política, de democracia directa. Sin embargo, luego fueron apareciendo una serie de claves que si bien no cambiaron realmente nuestras opiniones, si que es cierto que se convirtieron en claves, en datos, en factores a tener en cuenta.
En un principio, la idea de elegir directamente al Alcalde de tu municipio me parecía muy atrayente, sin embargo, una de las cosas que más me hizo pensar fue que dicho sistema supondría la imposición de la mayoría: es cierto (y me gusta la idea) que elegir a tus representantes en base al arraigo en un territorio que represente los intereses del distrito, o barrio...es una forma de representación más cercana, pero única. Es decir, si el 51% en ese barrio vota en favor de un candidato de derechas, el 49% que votó por un candidato de izquierdas ve su voto inutilizado: Imaginemos que en un municipio de 6 distritos, en 5 de ellos el resultado fuera 51% en favor de candidatos de derechas, y 49% en favor de candidatos de izquierdas; mientras que en el sexto distrito el resultado fuera el inverso (51% izquierda, 49% derecha), tendríamos un Ayuntamiento con 5 concejales de derechas (84%) y sólo uno de izquierdas (16%), ¿existe una representatividad real de los intereses de toda la población del municipio?
Otra de las claves que estaban sobre la mesa, y que en la actualidad está muy candente, es las listas abiertas (es decir, el ciudadano marca en la papeleta directamente aquellos candidatos que considera que le representaran mejor. Cabrían dos posibilidades: (1) listas abiertas bloqueadas: se elige la papeleta de un partido concreto y de ella se marcan los miembros que querríamos que nos representaran; (2) listas abiertas desbloqueadas: se marcan aquellos candidatos que queramos que nos representen, sin que tengan que pertenecer obligatoriamente a un mismo partido). A priori parecería la panacea de todos nuestros problemas. Para mí no (y no con ello quiero deir que apoye el modelo actual), por dos motivos esenciales: (1) el factor carismático (el nivel de conocimiento que el candidato tiene entre los votantes) sería una parte fundamental, en detrimento del factor ideológico, de las propuestas e ideas que posee el candidsto; (2) al depender tanto del nivel de conocimiento entre votantes, las campañas electorales tendrían una importancia fundamental, y cuanto mas grandes, a más gente llegará. Y aquí es donde debemos preguntarnos ¿quién puede permitirse costearse grandes campañas electorales? Sólo las clases más altas podrían convertirse entonces en representantes.
En resumen, creo que el tema es tremendísimamente complejo, donde todo sistema tiene pros y contras, y cada sistema no se puede aplicar en todos lados (depende mucho, por ejemplo, del tamaño de la comunidad política en juego). No creo que dependa tanto de cómo elegimos a nuestros alcaldes o concejales, como de fomentar vías de participación, de implicación directa de la ciudadanía en la vida política de su ciudad (fomento de referéndums, tanto vinculantes como consultivos, por ejemplo). Para ello también es absolutamente necesario que la ciudadanía esté motivada y concienciada.

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